miércoles, 11 de julio de 2018

La memoria de Numancia en boca de tres poetas

Al decir de Estrabón, entre los pueblos celtíberos, que habitaban el corazón de la península ibérica desde el s. VI a de C. los más poderosos eran los arévacos, entre cuyas ciudades destacaba Numancia. Para ellos la ciudad se configuraba como un auténtico centro organizador, administrativo y político del territorio en el que se asentaban los poblados y las aldeas.
      La importancia de Numancia radicaba en su valor estratégico. Estaba situada sobre un elevado y extenso cerro (La Muela), flanqueada por el río Duero y su afluente el Merdancho, junto al actual pueblo de Garray (Soria). Desde esta posición se dominaba una amplia llanura rodeada por las sierras del sistema ibérico entre cuyas cimas destacan los Picos de Urbión y el Moncayo. Además, se veía reforzada por el control que ejercía sobre el vado del Duero, que regulaba todo el tráfico de viajeros y mercancías que desde esta altimeseta se dirigían hacia el valle del Ebro. De aquí que a muchos pueblos les interesara poseer la llave de dicho paso. 
      Y este es el escenario de las guerras que enfrentaron a los celtíberos contra las todopoderosas legiones romanas a las que tuvieron en jaque durante 20 años contando con muchos menos efectivos. Asediada la ciudad, en el año 133 a de C., por Publio Cornelio Escipión, sus pobladores optaron por suicidarse antes que rendirse. 
      A partir de ese momento, la imagen heroica de la histórica gesta numantina, el símbolo de todo un pueblo que resiste en defensa de su libertad, iría propagándose a través de los textos escritos (en este sentido puede visitarse hasta el 11 de septiembre la exposición Los clásicos hablan de Numancia que organiza el Archivo Histórico Provincial de Soria) para pasar al imaginario popular y colectivo con la categoría de mito o historia fabulosa. (Véase: Numancia: símbolo e historia de Alfredo Jimeno y José Ignacio de la Torre, Ed. Akal, 2005). 
      Así, el mito de Numancia fue cobrando fuerza como seña de identidad frente al enemigo invasor, como ocurrió en el levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid, durante la Guerra de la Independencia contra los franceses. Y, tras la Constitución de las Cortes de Cádiz, con la primera Ley de Enseñanza de 1813, se iría difundiendo entre los chiquillos de todas las escuelas del país, por medio de los libros de texto, lo que ha continuado hasta nuestros mismos días. Pero, igualmente, en su larga trayectoria rebasó nuestras fronteras para convertirse en un mito universal. (Un acercamiento a la imagen popular y colectiva de Numancia se hace por Antonio Ruiz Vega en su obra: Los mitos de Numancia, 2017). 
      En la actualidad Numancia no es tan solo un yacimiento para bocado de arqueólogos que la auscultan y escarban adentro de su cuerpo, también es un bien patrimonial de interés cultural, que sigue atrayendo a numerosos visitantes que sienten la curiosidad de visitar las sugerentes ruinas de la ciudad quemada. Numancia es un territorio cargado de resonancias históricas y de admirables valores humanos. Hasta consagrarse como un paisaje de emociones, con alma, un paisaje de la memoria. 
       Como consecuencia de la celebración en 2017 del 2150 aniversario del asedio y toma de la ciudad celtíbera de Numancia y su declaración como acontecimiento de Excepcional Interés Público, todavía vigente en este año de 2018, se han venido celebrando toda una serie de actividades culturales de lo más variopinto y publicado numerosos textos. Para Juan Antonio Gaya Nuño en El santero de San Saturio: “La desdicha perpetua de Numancia ha sido sublimidad cierta de poetas”. La relación de todos ellos sería interminable, pero quiero citar aquí a tres de estos poetas contemporáneos que la cantaron con exquisita sensibilidad en sus versos. 
1.-Juan-Eduardo Cirlot Laporta (1916-1973)
      Catalán, nació en Barcelona el 9 de abril de 1916 y falleció en la misma ciudad el 11 de mayo de 1973. Es un poeta “oscuro y enigmático y casi siempre brillante”, al decir de Luis Antonio de Villena. Está vinculado con el surrealismo, pero él se nos muestra “siempre inquieto, siempre buscador, siempre cultista y casi siempre onírico”. Destacó, asimismo, como ensayista sobre música y simbología, y como crítico de Arte, participando en el grupo “Dau al set”, siendo amigo de Tàpies y de Cuixart y de Juan Antonio Gaya Nuño. En 1945 ( nº 15 de la revista Espadaña de León), Cirlot publicó Tres poemas a Numancia, bien valorados por Enrique Andrés Ruiz (“Los poemas a Numancia de Juan-Eduardo Cirlot”). Recogemos aquí el 1º de ellos (“1. La tierra”), donde evoca a Numancia, lugar en el que, al parecer, nunca estuvo. Dice así: 
      “¡Oh, tierra! Tierra, campos, rosas, / rosales de tierra desgarrada: / de tierra de silencio y de amargura / abierta a los puñales y los besos. // Aquí quiero cantar, sobre tu pecho, / la inmensa soledad de tus llanuras, / el oro calcinado de tu trigo, / la noche de tu sombra y de tu pelo / salvajemente ardiente. // Quiero llorar por tus montes violetas, / por tus vientos helados, por tus surcos / sembrados con metales y con huesos; / porque pareces el fondo de un océano, / colmado de naufragios. // ¡Oh, tierra! Tierra mía, tierra antigua, / durísima y paterna”. 
2.-Concha de Marco (1916-1989)
     Soriana, nacida el 23 de mayo de 1916 en la Plaza de Herradores de Soria capital, murió en Madrid, el 19 de octubre de 1989. Licenciada en Ciencias Naturales. Poeta, narradora, traductora, y ensayista. Comenzó a publicar sus poemarios a partir de 1966. Es una poeta original, influida por la poesía extranjera tanto o más que por la española. Luis Jiménez Marcos ha calificado su poesía como “una palpitación dolorosa y metafísica” considerando su calidad intelectual y sentenciando que “Quizás desde Rosalía de Castro, ninguna mujer ha dicho la poesía entre nosotros con tan impresionante desnudez”. Fue compañera del escritor y crítico de Arte Juan Antonio Gaya Nuño. En su poemario Acta de identificación (1969) recupera sus antiguas raíces sorianas. De los varios poemas que dedica a Numancia extraemos el titulado “El Cerco”. Dice así: 
      “Treguas silenciosas en la helada del amanecer, / apagado el fuego de los campamentos. / El Jefe, robando a su enemigo el pensamiento, / recorre la muralla, espera. // Minutos del oráculo, hora de las estrellas, / sagrado miedo de las profecías. // Llega la primavera. / Por la tierra de nadie salen cinco jinetes, / pasan con pies de sueño ante la guardia. / Mendigarán ayuda en el pueblo cercano. / Los jinetes, dispuestos, más los viejos / no arriesgarán ni un palmo / de su mísera vida sometida. / Bocas delatoras, manos nudosas de perfidia / acuerdan la no intervención. // Dioses inexistentes presencian el castigo: / Ochocientas manos cortadas, pasto de perros. / Quién labrará los campos desde ahora. // En la siniestra aurora del desastre, / todos los signos auguran nuestro fin. / Tierras que cultivamos por vez última, / la última cosecha, el pasto del último rebaño. / Amanecido el sol es como una limosna, / el murmullo del agua triste presagio. / Noches aletargadas en silencio, / capta el oído voces de los campamentos. // Todos se han entregado. // Nosotros aquí, solos, en un mundo de buitres, / escuálido ganado y mariposas muertas”. 
3.-Julio Garcés (1919-1976)
      Soriano. Nacido en el centro de la capital de Soria, murió en Lima (Perú). Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona, ciudad en la que inició su vocación literaria. Poeta de escasa producción poética, si bien siempre refinada en su resultado. César González Ruano dijo de Garcés que “como surrealista, es uno de los más logrados poetas y, probablemente, el mejor heredero en fortuna y universalidad del surrealismo de Alberti”. Compartió amistad y la aventura del postismo con Juan-Eduardo Cirlot. Con su poemario Los poemas de San Polo, cargado de nostalgias otoñales, regresa a las vivencias del paraíso de su infancia evocado desde la lejanía en la que habitaba. De los 8 poemas a Numancia que incluye, recogemos el último de ellos, el “VIII”. Dice así: 
      “Todos sabemos que estás en una altura / De tierra pobre / Y que tres ríos de neblina bajan / Desde tus dioses a lavarte / Y que murallas y odio te abrazaban / Y que jefes y amor te conducían / Podemos ver tu rostro de cosecha quemada / Tus brazos de servidumbre / Tu respiración y tu vientre baldíos / Tu belleza caída como una hoja / Tu resignación y tu cansancio // Tu olor a cuero y trigo / Tu aroma venerable / Tu superficie consternada / Y esos azules pálidos / De tu circunferencia vegetal de un día / No nos sirven de nada / No nos sirven de nada / Conocer el origen de tu carácter / Los lejanos motivos de tu sacrificio / La contradicción de tus miembros / Es preciso tu amor / Lo que todos ignoran / El fuego de tus casas en un día de octubre / Tu indiferencia / Tus hijos como los nuestros // Numancia yo he pisado muchas veces / Tu tierna espalda de espigas / La rosada ceniza de tu campo”. 
José María Martínez Laseca
(9 de julio de 2018)

sábado, 5 de mayo de 2018

Homilía a los saturienses

Queridísimos feligreses:
Me corresponde, en mi condición de hermano mayor de la Hermandad del Santero de San Saturio, predicaros, un año más, la homilía tocante a esta sexta edición de La Saturiada. No me perderé en meandros cual hace el río Duero en torno a Soria, e iré directo al grano, ya que como nos advierte Baltasar de Gracián: discurso que a los cinco minutos no mueve corazones, mueve culos. 
Hecho este introito, debo deciros que hoy se celebra la Fiesta de Castilla y León, con cita en la campa de Villalar de los Comuneros, si bien todavía parece que atravesáramos cierta adolescencia buscando nuestro denominador común identitario, un proyecto compartido, por el que unos deberíamos reconocemos en los otros y hasta ponemos en el lugar de los otros, aunando esfuerzos y teniendo conciencia de comunidad y no manteniéndonos en reinos de taifas medievales. 
También es el Día del Libro, y en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares se le ha entregado el Premio Cervantes a Sergio Ramírez, escritor nicaragüense que no entiende su labor de escritor sin el compromiso con la realidad y con la libertad. 
Ambos aspectos de la identidad y del libro convergen en nuestra ruta literaria de La Saturiada, en la que recreamos ese libro de esencias que es El Santero de San Saturio, reviviendo así el sueño de Juan Antonio Gaya Nuño.
Por todo ello quiero centrar mi reflexión en el libro, en la literatura, en la palabra que construye sentimientos, traslada pensamientos, remueve nuestra conciencia y nos nutre de capacidad crítica para discernir las voces de los ecos. Resaltar la importancia de la lectura. Leer para saber, reza el eslogan de nuestro marcapáginas. Pues los creadores escritores nos transmiten su conocimiento, su visión del mundo. Porque la lectura tiene efectos medicinales, al curarnos de la ignorancia. Y tonto el que no lea.
Mi amigo Ángel Jiménez me ha remitido esta mañana este whatsapp: -Les dicen gordos y enseguida se ponen a hacer dieta, pero los llaman tontos, y ninguno se pone a leer un libro. 
No deberíamos usar la cultura y la literatura tanto como espectáculo, sino que tenemos que cultivarlas con un poco de cabeza y de rigor, ya que todo aquello que no se ejercita con regularidad, se atrofia. 
"El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho" dice Cervantes por boca de Don Quijote y gusta de repetirlo mucho nuestro hermano César Millán. Porque por medio de la lectura todavía es posible volver a aquella edad de oro de nuestra primera infancia en la que placer y aprendizaje, juego y verdad, imaginación y descubrimiento, eran sinónimos como señala Antonio Muñoz Molina en “La disciplina de la imaginación”. 
Antes que escritor uno es lector, dicen los autores consagrados. Leyendo se vive más, pues nos reencarnamos en las vidas de otros personajes. En tal sentido escuché decir a Manuel Jabois: 
Me gustaría llegar a ser Ana, la hermana menor de Luis Cernuda, porque con ella acaba su “Memorial de un libro” con esta escena: después de un bautizo en la casa familiar su padre tiró lo que llaman el pelón, varios puñados de monedas desde un balcón. Y todos los primos se lanzaron al suelo para recogerlas. Y Cernuda entonces escribe: Mi hermana se quedaba en un rincón mirando el espectáculo sin participar en él. Al preguntarle alguno porque no entraba ella también en la refriega respondió: -estoy esperando a que acaben. 
En su respuesta veo no tanto la tontería inocente como la muestra de cierta cualidad insobornable, rasgo característico del temperamento familiar que también existe en mí. Así frente a la turbamulta que se precipita a recoger los dones del mundo, las ventajas, la fortuna, la posición, me quedé siempre a un lado, no para esperar como decía mi hermana a que acabaran. Porque sé que nunca acaban, sino por respeto a la dignidad del hombre y por necesidad de mantenerla. 
Queridos hermanos todos, yo suelo recordar en estas lides que cuando Federico García Lorca habló en la inauguración de la biblioteca de su pueblo de Fuentevaqueros pidió para todos los asistentes medio pan y un libro. 
A mi me gustaría que a todos vosotros cuando fuerais a un bar junto con vuestra consumición y vuestro tapa micológica o vuestra croqueta –lo de crocreta sigue sin admitirlo la Academia– os entregaran un fragmento literario de este cariz: 
-El fulgor del relámpago de Eloy Sánchez Rosillo
Hay cosas que la vida te da cuando ya apenas / podías esperarlas de su luz / maravillosa, elemental, purísima, / te hace feliz de pronto. Y desgraciado, / pues comprendes que no te corresponde / ese milagro ahora y que no debes / a ciegas entregarte a lo que era / propio tal vez de otro momento tuyo, / de un momento anterior, cuando tenías / fuerzas para ser libre. / Mas déjate llevar, y vive esa hermosura / con coraje, sin miedo. A qué pensar / en lo que te conviene. Es muy fugaz la dicha. / No la desprecies. Tómala. Y apura / el fulgor del relámpago. / Después, / tiempo tendrás para seguir muriéndote. 
Acabo ya, nuestro amigo Silvano Andrés de la Morena, desde Barcelona, en el día del libro, deseoso de compartir La Saturiada con nosotros, me remite este mensaje: 
Lo dijo Franz Kafka (y lo hago mío):
“ No se deberían leer más que los libros que nos pican y nos muerden. Si el libro que leemos no nos despierta con un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?”
Dicho queda. 
Desde nuestro voto de humildad, debemos, no obstante, sentirnos orgullosos de la exitosa celebración de nuestra Saturiada 2018. Ello lo ha hecho posible la acción colaborativa de muchas almas, por lo que os damos las gracias a todos, y en el cielo os lo pagarán. Destaco en esta ocasión la contribución tan especial de las mujeres “de letras tomar”. 
Y anoto que, por causas ajenas a su voluntad, no han podido acompañarnos ni José Andrés Diago, ni Pepe Boces. Para ambos nuestro cariñoso recuerdo y un fuerte abrazo.
Salud queridos feligreses. Ya podéis iros en paz. 
José María Martínez Laseca
(23 de abril de 2018)

jueves, 29 de marzo de 2018

De las maestras republicanas de por aquí (y 2)


Continuamos, en esta segunda y última entrega, abundando en la importancia que la Segunda República concedió a la educación en nuestro país. “España no será una auténtica democracia mientras la mayoría de sus hijos, por falta de escuelas, se vean condenados a la perpetua ignorancia”, se afirmaba en aquel Decreto que proyectó la creación  de 7.000 plazas de maestros y maestras en 1931. Las maestras y los maestros iban a ser, por ello, los funcionarios más importantes del Estado. Aquí resaltamos el papel decisivo que jugaron las maestras a favor de aquel proyecto ilusionante. Por lo que, tras perder la República la guerra civil (1936-1939), con la implantación de la dictadura franquista, muchas de estas mujeres enseñantes pagarían muy caro su compromiso.
            Maestras modernas
             Cabe decir que en aquella época el magisterio era una de las carreras más aceptadas por las  mujeres. La profesión de maestra era uno de los pocos ámbitos laborales en el que las mujeres habían ido conquistando, desde el siglo XIX, un terreno de afirmación, reconocimiento y legitimación en la esfera pública. Así que muchas jóvenes se matricularon en la Escuela Normal de Soria. Ya como maestras, algunas hicieron suyos los ideales republicanos y representaron un nuevo modelo de mujer, a veces sin ser conscientes. Por primera vez una mujer enseñaba tanto a niñas como a niños, derribando los muros que los separaban en la escuela.
            Por primera vez una mujer era jefa de un hombre, como ocurrió con aquellas directoras de colegios. La mujer-maestra, moderna e independiente, empezó a erigirse como autoridad cultural, toda vez que el maestro era el “intelectual del pueblo”. Suponía, por tanto, un gran paso hacia la igualdad. El otro se dio cuando la mujer ganó su derecho al voto en 1933.
            Pero no pudo ser.
            Como decimos, este proyecto educativo preconizaba una pedagogía activa, intuitiva e integral, que estimulaba el desarrollo de la personalidad de cada niño y de cada niña en las escuelas mixtas. Era un modelo de educación caracterizado por ser público, laico, obligatorio, gratuito, bilingüe y solidario, en el que se instituía la coeducación en los tres grados de la enseñanza.
            Si esta política educativa emprendedora y eficaz, para sentar las bases de una esuela laica y republicana, se hubiera visto acompañada –como dice Bruno Vargas– de una enérgica reforma agraria, cabe pensar que se habrían conseguido los objetivos finales y se habría implantado definitivamente la República, pues, tal como ocurrió en Francia a finales del siglo XIX, la República española no tenía otra alternativa para vencer a las fuerzas tradicionalmente opuestas al progreso que ganar la batalla del campo, donde trabajaba el 45,51% de la población.
            Pero el alzamiento de los facciosos el 18 de julio de 1936 dio al traste con todo. La pesada bota militar quebró a la paloma de la democracia las alas de su libertad. La represión franquista no se hizo de esperar. Afectó a todos los vencidos. Y se ensañó especialmente con todas las mujeres ilusionadas, valientes y comprometidas como las maestras, porque para los vencedores habían transgredido el modelo tradicional de la mujer.
            Maestras de la provincia de Soria represaliadas
            De la amplia lista de maestros de la República en la provincia de Soria represaliados por el franquismo con la suspensión de empleo y sueldo (varios fueron fusilados) extraigo la siguiente relación de maestras:
            Adelaida Llorente Romero (Covaleda), Adoración Cordón Jiménez (Navaleno), María Felipa Llorente Naya (Orillares), Enriqueta Otero Blanco (San Esteban de Gormaz), Ángela Delgado Llorente (Miño de San Esteban), Carmen Valero Pascual (Aldea de San Esteban), Matilde del Cura García (Peñalba de San Esteban), Eloisa Reglero Asensio y Pilar Albo Martínez (Ólvega), Patrocinio Fernández Muñoz (Noviercas), Emiliana Falche Ruiz (Almazán), Andrea Herrero (Ventosa de San Pedro), Estrella Sarnago Jiménez (Torrearévalo), Felipa Martínez Corchón (San Andrés de Soria), Florentina Gómez Pascual (Almazul), Carmen Lamuedra de la Orden (Carazuelo), Josefa Álvaro Planelles (Arcos de Jalón), Julia Rodríguez Merino (Montuenga), Perpetua Pastor García (Morcuera), Justina Relaño Gómez (Cañicera), Luisa González Lorenzo (Mazaterón), Luisa Rodríguez Barón (Berlanga de Duero), Rosalía Estévez Fernández (Hortezuela) María Gómez García (Ventosa de Fuentepinilla) y Encarnación Medrano González (Quintana Redonda).
            Son todas las que están, aunque puede que no estén todas las que son. Y a ellas añado, solidariamente, el nombre de la Inspectora-Jefa de Enseñanza Primaria, María Cruz Gil Febrel (Soria), separada definitivamente del servicio y dada de baja en el escalafón, desde Burgos ciudad, con fecha de 19 de junio de 1937.
            Todas ellas, al encarnar el nuevo modelo de mujer moderna e independiente, habían cometido el terrible delito de poner en entredicho el rol y el patrón de conducta que la sociedad patriarcal adjudicaba a la mujer. El transmitido y puesto al día por la iglesia católica. Y es que fue precisamente la iglesia la que suministró a los represores el discurso sobre las buenas mujeres, identificándolas con las buenas cristianas, y las demás eran las no-mujeres.
            Así que con el nacional-catolicismo se volvería a las andadas. La mujer fue el principal objetivo de la empresa moralizadora pues resultaba que la mujer estaba naturalmente destinada para el matrimonio y para las labores domésticas. Su carrera profesional venía a ser formar una familia y tener prole. Y en eso se ponían de acuerdo prácticamente todas y todos: la maestra, el cura, los padres, los moralistas, las cupletistas, las escritoras de novelas rosa, y hasta las profesoras de gimnasia, si me apuran.
            Aquellos sueños del espejo republicano se habían roto, por tanto, en mil añicos.  Y tendrían que pasar muchos años en España para que las mujeres volvieran a recuperar la dignidad perdida. Para poder echarse de nuevo a volar. 
            En estos tiempos políticamente confusos y algo revueltos, sigue abierto el problema educativo. Bueno sería recuperar tanto tiempo perdido a la hora de decidirse sobre la dirección a tomar.
            Y estas maestras republicanas de por aquí, a las que les rendimos sencillo pero sincero homenaje, son un buen referente con vigencia plena todavía, dada su decidida lucha emprendida por la igualdad entre hombres y mujeres y a favor de la escuela pública.
            Sigamos, en consecuencia, su ejemplo. Para que nuestras alumnas y alumnos sean seres pensantes, con autonomía personal y capacidad de discernir por sí mismos.          
            Por su propio bien, y en beneficio de nuestro propio país.
José María Martínez Laseca
(19 de marzo de 2018)

De las maestras republicanas de por aquí (1)


Reciente la exitosa celebración del Día Internacional de la Mujer en pos de la igualdad entre personas de uno y otro sexo, nos adentramos en este sugestivo asunto. La Segunda República Española del 14 de abril de 1931 estableció un momento excepcional en nuestra historia educativa. Ello, porque el Gobierno  republicano era consciente de la importancia de la educación para la consolidación de la democracia. A tan noble fin contribuyeron aquellas maestras con necesidad de enseñar. Y queremos que este artículo, en dos entregas, sirva de recuerdo y de homenaje a quienes han tenido –por su mera condición de mujeres– que remar contracorriente para seguir estando ahí, a pie de obra como docentes. Defendiendo el derecho a una mejor educación pública de todos y para todos.
            Introducción
            Hace ya cierto tiempo, leí, en la contraportada de un periódico nacional, que la maestra palestina Hanan ad Hroub, ganadora del llamado Nobel de la Enseñanza, y que educaba sobre la no violencia, declaraba: “Podemos cambiar el mundo, debemos enseñar a nuestros niños que las únicas armas deben ser el conocimiento y la educación”.
            Y me acordé, cómo no iba a hacerlo, de lo que aquí, precisamente aquí, en el mismo Instituto que lleva el nombre de nuestro gran poeta, el día 1 de octubre, en la inauguración del curso académico 1910/1911, en el Homenaje al sacerdote krausista Antonio Pérez de la Mata, Antonio Machado les dijo a los alumnos presentes: “En vuestros combates no empleéis sino las armas de la ciencia, que son las más fuertes, las armas de la cultura, que son las armas del amor.”
            Machado reclamó entonces “cultura y trabajo”. Lo que antes su maestro de la Institución Libre de Enseñanza, Joaquín Costa, había llamado “escuela y despensa”. Inconformistas ambos, con la realidad que les tocó vivir, buscaron una reforma moral de España basada en la educación.
            ¡Viva la República!
            El 14 de abril de 1931, la España que el día anterior se había acostado monárquica, se levantó republicana. Era la II República, a la que muchos asociaron con la primavera. Porque traía una enorme carga de ilusiones. Traía la esperanza de una profunda renovación de la vida española. Y una de sus palancas principales fue la educación. Entonces el 30% de la población española era analfabeta y había un millón de niños sin escolarizar. Así que, el nuevo ministro de Instrucción Pública Marcelino Domingo y su sucesor Fernando de los Ríos pusieron en marcha una ambiciosa reforma educativa. Tal se advierte en el artículo 48 de la Constitución del 9 de diciembre de 1931, que dice literalmente:
            “El servicio de la cultura es atribución esencial del Estado, y lo prestará mediante instituciones educativas enlazadas por el sistema de la escuela unificada.
            La enseñanza primaria será gratuita y obligatoria.
            Los maestros, profesores y catedráticos de la enseñanza oficial son funcionarios públicos. La libertad de cátedra queda reconocida y garantizada.
            La República legislará en el sentido de facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza, a fin de que no se halle condicionado más que por la aptitud y la vocación.
            La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana.
            Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a inspección del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos.”
                        Escuelas, maestros, inspectores de primera enseñanza
                        La escuela pública debía ser diferente, no podía inhibirse en una santa neutralidad frente a los problemas de la sociedad española, sino que, por el contrario, debía interrogarse acerca de su futuro. La política educativa emprendida no se va a limitar a los planteamientos de la Institución Libre de Enseñanza expuestos por Bartolomé Cossío, sumaba también los de la escuela única socialista y las corrientes pedagógicas más innovadoras. La escuela laica y republicana debía ser un arma para la revolución social, pero siempre dentro de la perspectiva de respeto a la conciencia del niño.
            Se acometió una política de construcción de escuelas; se dignificó el estatus del maestro, mediante una mejor formación, subida de sueldos e incremento de plantillas; se definió el cometido de la inspección de la Enseñanza Primaria; se actualizó el Museo Pedagógico y se incentivaron las Semanas Pedagógicas. Incluso se crearon las Misiones Pedagógicas para llevar la cultura hasta las aldeas más perdidas, rebasando las lindes de la educación formal.
            Hablo de Soria. En la reunión del Centro de Colaboración de Rioseco, el 1 de diciembre de 1934, se señalan por mujeres enseñantes los tres elementos fundamentales para una acertada labor educativa. Son: el Maestro, la Escuela y el Camino que se debe seguir.
            Así, entre las condiciones que debe reunir un buen educador para cumplir debidamente su cometido están “la moralidad”, toda vez que en los pueblos rurales han de ser el blanco constante de los niños, y “la vocación” ya que se considera que cada maestro debe crear su método, sugerido de otros ya experimentados, pero siempre elaborados por una vocación puesta al servicio de la profesión.
            Respecto a los edificios escolares deberán reunir toda una serie de condiciones higiénicas y poseer las dependencias anejas indispensables.
            Y en cuanto a la labor escolar, al ser las escuelas mixtas en su mayoría y las demás unitarias, han de hacerse tres grupos: grado de iniciación, medio y superior.        
            Soria tuvo, por consiguiente más escuelas y más maestros e inspectores. He leído en “El Porvenir Castellano” de 21 de marzo de 1934 sobre la inauguración del grupo escolar “Manuel Blasco” (hoy La Arboleda).
            He observado en la prensa del momento el mayor protagonismo adquirido por las maestras, siempre denominadas señoritas (acaso porque antes, para ejercer la profesión, se les exigía no estar casadas).
            Y he podido constatar la gran labor de estímulo a la cultura y eltrabajo como motores del progreso de los pueblos  aportada a los maestros de los pueblos por dos magníficos Inspectores-jefes de Enseñanza Primaria: el primero y gran pedagogo soriano Gervasio Manrique Hernández (1891-1978) y la segunda su sucesora en el cargo, a partir de marzo de 1934, tan competente como identificada con la causa republicana, quien fuera en el entonces único Instituto de Enseñanza Secundaria de Soria alumna de Antonio Machado, María Cruz Gil Febrel.
José María Martínez Laseca
(18 de marzo de 2018)

lunes, 26 de marzo de 2018

Versión final de “Cantos del compañero muerto” de Concha de Marco (y 2)

                             José María Martínez Laseca
Concluye aquí “Cantos del compañero muerto”, 1977. Al compararlo con la otra versión se aprecian ciertas diferencias. Esta reelaboración nos muestra el proceso creativo de Concha de Marco. Escribe cuando entra en trance, y, tras dejarlo reposar, lo pule en su acabado. Una nota adjunta dice: “Este libro ha sido elaborado en el tiempo transcurrido desde noviembre de 1975 hasta el 6 de julio de 1976, fecha de la muerte de mi compañero. La realidad histórica y cotidiana ha ido incidiendo  sobre mi propia realidad dramática y este es el resultado del encuentro.
            Gracias a esta labor he podido sobrellevar el proceso de su enfermedad y su agonía. Con ello se demuestra una vez más que lo único capaz de ayudarnos a soportar los trances más amargos es el trabajo, el esfuerzo intelectual y físico.
            Debe subtitularse Celda de castigo, dado que casi todos vivimos en ella, para algunos materialmente cierta y en estas páginas entramos todos. Podríamos decir citando a Joyce “Here comes everybody”.
            A la memoria de aquel hombre dignísimo que fue Juan Antonio Gaya Nuño dedico, no solo este libro, sino, como desde que le conocí, toda mi vida”.
            El verso de cierre: “la cárcel rota v la prisión burlada” sugiere la liberación del preso con su muerte.
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            16. Quién será / ese viajero pensativo / que en la gran sala del aeropuerto / mira hacia el frente / a través de las encristaladas puertas / donde se arremolinan los presagios / de vez en cuando / pasa su mano por el pelo blanco / enciende un cigarrillo lentamente / lo deja consumir entre los dedos / o lo lleva a sus labios / se marcha acaso para no volver? / no tiene prisa / juega sus enigmas / ni siquiera atiende / las instrucciones de los alta­voces / calcula sobre lo imposible? / con las sombras de fue­ra o las de dentro? / o es que regresa a su patria? / pero es que tiene una patria? / quién lo diría! / su lengua ya no sabe formular / los términos que fueran mensajes del peligro / la mano es de patética ternura / cual si el alma de un niño la moviera / voces indiferentes desde el techo / anuncian procedencias o destinos / mira el reloj / las cinco y media / advierte los minutos peligrosos / vuelve a mirar / las seis / vuelve a presentir que hay traidoras constelaciones / al otro lado del mapa / y ya prefiere un país / donde las cosas no tengan nombre / y el viento cambie diez veces de rumbo / a lo largo de unos minutos
17. Cuando yo entre en la casa / y la encuentre vacía / cuan­do vea la huella que dejaron tus manos / cuando vuelva a encon­trar tus papales en orden / y esas letras pequeñas / esos números en una cartulina / el último paquete de tabaco / con cuatro ciga­rrillos / cuando intente escribir en tu máquina vieja / que solo obedecía a tus manos de niño / cuando callen los pájaros porque tú te marchaste / y yo nunca más vuelva a planchar tus camisas / doblar tu ropa limpia / y el lecho nuestro sea un enorme desierto /  para mi solo cuerpo en las noches de invierno / cuando golpee la lluvia cayendo sobre el techo / cuando yo nunca vuelva a comer con manteles / en la mesa redonda donde tú y yo lo hacíamos / y sea en la cocina con un plato cualquiera / ante los azulejos ama­rillos /  cuando vea el fantasma de tu cuerpo perdido / alejarse en silencio por una calle última / y no beses la mano que en sueños te acaricia
18. Arena / arena y agua / cera de abeja / caño de guía de la flecha / cerbatana / bajo las lenguas del curare / se abre la flor secreta de las lágrimas / y al recuerdo me vienen / en retirada mísera y oblicua / cualquiera de tus viajes / a la pálida franja del amanecer / que iluminaba la alcoba / reluce la camisa blanca sobre tu espalda / mientras frente al espejo anudas la corbata / finas arrugas forman tus movimientos en la tela /  sobre los mús­culos  perfectos de tus hombros / la ropa de tu lado revuelta y aún tibia / con el calor de un sueño / calzas los zapatos / vistes la chaqueta / abres la nevera / te inclinas a mí me besas ríes / por la fuerza de mi abrazo / mi boca recorre tus mejillas frescas del afeitado / ya habías cerrado la puerta / cómo podría vivir beata tu regreso  /  comenzaba a arras­trarse el tiempo lento / informe, de tu ausencia / persiguiendo la huella que dejaron / tus ademanes en el espacio / y ahora / en este viaje sin regreso /  cómo podré vivir
19. Señor / por qué nos has abandonado / con sus múltiples nombres de pájaro cautivo / apago mis lágrimas / a golpes y parto en dos mi rencor contra el rufián vestido / de oro / como una le­vadura para el día de mañana / guardo el segundo / con su despre­ciativo y atributo máximo / en mi huelga de hambre y circunstan­cia / triturando orgullosa los acerados vidrios / de trece mil doscientos días de castigo
 20. Anoche /  soñé contigo / y tenía una isla en la mano / era tu cuerpo hermoso como una fortaleza / terciopelo color de oscura miel / musgo tus caricias en torno de mis ojos / y yo quise aferrarme a tu playa desnuda / caminando a la aurora por su orilla / y solo era la huella de tus dedos / armoniosa y fugaz sobre mi cara
    21. Una espada / blandida sobre el mapa de europa / la fundi­ción del bronce en las lenguas del cándalo / me vienes a buscar para la guerra? / está mi yelmo roto y mi lanza oxidada / luego / que me entierren vestida y con todas mis armas / walkyria de esperanzas apagadas / ruina aislada no soy / en el anónimo de un orde­nado mundo / la pequeña porción de un inmenso desastre / de un error increíble
    22. Señor testigo / deje vuestra merced recordarle de nuevo / las condiciones previas del entorno / pasto de los sentidos en su laboratorio / se puede perseguir el pulso de las venas / bajo la piel delgada y transparente / las múltiples fragancias del jazmín y la rosa / en corredor de sombra el paso de las ratas / tan viciosas del hambre primitiva /  la desorientación que no recuerda el nombre / del toque de silencio / donde el habla no existe / la muda lengua quieta y prisionera / en el anfiteatro de los dientes / las uñas con tozudez de arranque /  qué diligencia de armamento inútil
      23. Crece / crece la hierba entre silencios cautos / las calles se convierten en desiertos furiosos / y aquí mi compañero / en su exacto reflejo / indescifrable mundo que se escapa / y a quien sería un lujo tratar de convencer / hubo tiempo sobrado / para deli­mitar con tu él la soledad
      24. Españolito / que viniste a mis brazos / yo te guardaré / mi amante corazón será tu españa / mi humilde mano siempre fue tu patria / acunado en mi pecho / como un niño perdido / al pie de tanto esfuerzo / españolito del alma / yo te cerraré los ojos /  yo te cruzaré las manos sobre el pecho / yo velaré tu cadáver hasta el fuego
      25. Señores del jurado / con toda la energía acumulada en una voluntad / a nadie le propongo que reciba / la visión inclemente de mis ojos / morirá más tranquilo si sigue siendo ciego / lego mi corazón a quien lo quiera / estrujará su tiempo / se beberá otra sangre / más le vale sufrir que morir tanto / por sostener la cláusula secreta del destino / el fragmento de dios que aquí me está muriendo / esta defoliación de biologías / desde el origen / hasta el momento en que mi mano desarmada escribe / ante las gentes que penetran y huyen / latiéndome vivencias / hechos sobrecogidos en su última célula , / que quieren respirarme nuevamente / angustiarme las vísceras / renacerme y morir al hierro y a la hoguera
    26. Amor mío / del sedante que no produce efecto /  amor mío de la noche en vela / amor mío que acaricia mis rodillas / amor mío quieres que te lea algo? / solo quiero que estés aquí / pongo algo de música? / solo soy un costal de dolor / amor mío de la cama deshecha y rehecha diez veces / voy a levantarme / amor mío solo son las cinco / estoy muy cansado / amor mío qué pronto amanece / amor mío de la vacilante mano / amor mío  de la triste sonrisa / amor mío del último beso / amor mío reducido a su propio esqueleto / amor mío cuánto ha crecido en tres días / amor mío hasta que la muerte nos separe
   27.  Y solo para eso / apartó sus entrañas hizo un hueco / que había de ser ajeno / en la profunda intimidad del vientre / fue fabricado el rayo de su certera mirada / dispuesta a contemplar ciudades caudalosas / rembrandts de oro / altísimos vermeers / bosques de pinos arrogantes / crepúsculos cautivos tras de una noble ruina / risas y voluptuosidades en tumulto / y el ritmo de la his­toria / adherido a sus pulsos
   28. Y en medio de la noche / me pregunto / si podré resistir este calvario /  este irse consumiendo minuto tras minuto / acostada en el suelo me incorporo mil veces / para escuchar los golpes / de su angustiado corazón / aunque yo esté a su lado / ha de enfrentarse solo con su propia agonía
    29. Y fundirás mis manos / con tu última sangre / ambos oscuros signos / de los tan incontables personajes trágicos / las sábanas fatídicas manchadas / de la alcoba mortal / ante las cosas mudas consternadas / altivos soportando el desastre final / solo fulgor y llama que se extinguen / los labios sin palabras / la mano que persigue visiones fluctuantes / atónitas / o frecuenta la forma de mis labios / que se le escapan como un árbol liquido
            30. Aquí está él / mi soberbio alazán que se partió los remos / y hubo que rematarlo con un tiro / triunfador gigantesco inalcanzable / durante treinta y siete años / aplazada su muerte de campo de exterminio / la desintegración exacta en celda de castigo / después de haber cargado sobre sí fuerzas extrañas / circunscripciones interiores / culpas equinocciales de toda dinastía / históricos combates / armadas invencibles y reinas destronadas / avanza y se detiene en la memoria / el tiro por la espalda o la descarga del amanecer / y en su puesto encontraron los guardianes / mil pájaros de oro mil palomas / que salieron volando a la infinita libertad del alma / el último contacto con el mundo / la cárcel rota v la prisión burlada

Versión final de “Cantos del compañero muerto” de Concha de Marco (1)

José María Martínez Laseca
Ya publiqué (“Diario de Soria”: 21, 22, 23-8-2017, asimiso reproducida en este blog) una versión anterior de “Cantos del compañero muerto” de la poeta soriana Concha de Marco. La actual, muy similar, con la dedicatoria: “A mi compañero muerto Juan Antonio Gaya Nuño”, fallecido el 6 de julio de 1976, está cargada de idéntica ternura. Recordatorio de su amado, con quien compartió una vida de aristas, dada su condición de perdedores de la guerra civil, durante la larga dictadura de Franco en España. No en balde, Concha de Marco sentencia con esta cita de Quevedo: “Diéronle cárcel y muerte las españas…”. Pese al dolorido sentir por tan irreparable pérdida que rezuman sus versos, y que supone un auténtico canto de amor del yo poético hacia ese tú destinatario, el texto comporta un reconocimiento a su esfuerzo intelectual, casi sobrehumano. Esta versión final, fechada en Madrid, 1977,  difiere de la antedicha en que incorpora la estrofa 1, del total de 30 más la introductoria, que conforman el poemario. Se observan aquí pequeños cambios de palabras, algún añadido o supresión y alguna alteración de orden. En este caso, el texto mecanografiado, que forma parte del legado Gaya Nuño de la Fundación España-Duero (IM 205), se dispone en versos libres. Y llama especialmente la atención la ausencia de signos de puntuación (ni puntos, ni comas, ni letras mayúsculas, excepto al inicio de estrofa), acorde con experimentos de estilo del momento. Helo, pues, aquí.
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            "Tres días antes de morir empezó a gritar; su silencio, / cada vez más audible, me ensordecía. / Temblaba la casa toda. /  Murió gritando, gritando yació toda la noche, muerto, / gritando su des­mesurado silencio. / No logré cerrarle la boca; lo intenté varias veces: / El rigor mortal de los músculos había comenzado tres días antes. / Gritaba todas las palabras que no dijo, todos sus cau- / tiverios, todos sus exilios, todas sus derrotas. / todos sus desprecios. / Siguió gri­tando dentro del féretro cerrado, gritaba en / el horno cremato­rio, y del silencio de su boca salían llamas gritando. / Conver­tido en cenizas, éstas siguen gritando, y su recuerdo / vivo que llevo a flor de piel y en mis hondos adentros cada vez / grita más, grita, desesperadamente, su silencio.
            1. Inútil es / acariciar día tras día / la ardiente y suave piel del tigre del verano / se va secando la amarilla brasa / ciegas noches se alargan / ya huyeron los vencejos / solo gorriones pasan / pasan con su vuelo de seda / los árboles se duelen por sus hojas caídas / enrolladlas y secas esperando / ese viento / que llegará a arrancarlas con su frío presagio / no acaricias ya más inútilmente / la ardiente piel del tigre del verano / con sus ojos dorados / ha emprendido la marcha hacia otras latitudes / por lejanas orillas / que arrastran en su espuma despojos de la playa / el sol se muere rojo detrás del horizonte / y arena fría arena en la playa vacía / aguarda la marea que cubra todo rastro / solo oirás el mar en una caracola / hosco nocturno y trágico
2. Comienza / a pronunciar lo que te dicte / el enigma absolu­to / que se viene a los labios impulsivo / de razón inconexa / por dentro cristalina / propágase en selváticos racimos de memorias / sobre las lejanías / aéreas estructuras de áureos firmamentos /  antecedentes mitológicos / tumbas de legendarios agonistas / y bandadas migratorias de tribus desaparecidas / en mi sangre pro­picia a todos los hechizos / el quíntuple dominio del sentido / en esplendor de intimidad y viento
3. Oh enemigo / de la patria, no preguntes / mas al rumor de generaciones que pasan con locura / de disputados dioses que a la aurora se mueren / contra los ventanales polvorientos / el triun­fo de la tierra para lo consumido / vida llena de aristas / preci­picios / de fuego y de tiniebla / que aquí defiendo con bandera propia / el pasado / tiene fulgores de mineral negro / brutalidad y miseria / la injusticia / bebe aún en copa de oro el zumo de su viña
4. Españolito / que vienes al mundo / te guarde dios / tú eres más infortunado / te están matando las dos
            5. Prohibido / permitirme el menor despilfarro emocional / he de velar sobre la gran muralla / y morir en un lejano otoño / cuando quemen rastrojos / valoro mi vejez / que ya se configura en el espejo / con todo el esplendor de mundos interiores / quien piense lo contrario / que tire la primera piedra
          6. Qué le pasó a ese álamo / en la otra orilla de san juan de duero / qué le pasó a ese álamo / enhiesto todavía / pero desnudo de hojas en el pleno verano / el río mansamente entre los juncos / pasa y refleja su osamenta gris / las algas fluctuando / su ahogada caballera en la corriente / álamo seco de san juan de duero / álamo mudo entre el bullicio de sus compañeros / ya no escuchará más / la canción de su viento llevado por los pájaros
         7. En cuanto a mí / secreta en mi silencio / doy los buenos días / sonrío / lloro hacia dentro con la carga del mar / y pienso / que lo peor he de sufrirlo sola
          8.  Ay / del pescador en la galerna / por más que el bienestar le aguarde en casa / y al errante holandés siempre en el mar / las aguas penetraron hasta el alma / si tan solo pudiera / desde lejos oír / o recordar mi música insolvente / tengo que concentrarme, debo hallar / la mínima ilación de pensamiento / debo pensar en qué voy a pensar / solo residuos de recuerdos / imágenes inertes / van bruñendo los bordes de los días / un vacilante viento que sopla en los adentros / donde caducos cántaros / capturan el caudal de mí sustancia / dejando abandonada / la vaina corroída de mi naturaleza / superfluos sentidos / ciegas formas / dócil planta del pie ya casi inerte / para andar los caminos que se ofrecían varios
         9. Y yo respirándole / boca a boca dormido / se me va / se me va yendo lentamente / cada vez es más triste su mirada / no sé si estoy viviendo un mal sueño
       10. Quién es / aquel hombre que viene de lejos / su oscura silueta contra el horizonte / quién es aquel hombre / nevando / nevando está en el castillo / sobre el río /  en un árbol escondido canta un pájaro / mirándome suplicante un perro pasa / pobre  viejo feo y gris / nevando / quién es aquel hombre / en la rama de una acacia / junto a la última hoja seca del verano / un botón de primavera / abajo el río se riza / quién es aquel hombre que viene hacia mí / quién es aquel hombre
          11. Y cómo duele / todo lo existido / la luz ociosa / la crueldad del triste / los ecos rotos sobre las ventanas / abandonó ciuda­des de la niñez / el frescor vegetal de la fuente que nunca exis­tió / el canto arrogante y resuelto / las olas limitando contornos aurorales / consagrada / identidad entera cuánto cuestas / sumerge a lo que interroga un fantasma severo / polvo y tierra del hombre / polvo húmedo / orígenes / sucesos / sustancias primordiales / algo vaciado en fraguas ocultas de la entraña / inhóspitas constelaciones / ríos de luna por calles en cuesta / delfines prisioneros en la redoma estrecha / cuánto andrajo de seda / cuánta herrumbre de oro / cuánta nota deshecha /  descom­puesta en amargos sonidos triturados / excavadoras de ruinas / minas a cielo abierto de ceniza / montes sobre catedrales y palacios / nuevos y dolorosos nacimientos a la muerte / con placentas inscritas en matrices difuntas
           12. Déjame / respirar hondamente / hondamente el perfume de tu cabellera / y hundir en ella mi infortunio / mis vicios de honesti­dad en mundo corrompido / es necesario resistir aún más / hasta que en los estantes no queden libros / ni un solo cuadro / no pueda oírse música / ni haya caudal preciso para alimentar pájaros /  mientras algunas veces / a la hora de la cena / me. seguirás diciendo / lo peor no lo hemos visto todavía
           13. Señor fiscal / el motivo de mi vivir / es ser mi propia y exclusiva fatiga / la condena señalada como levadura del espíritu / la miserable y áspera materia / que fermenta a lo largo de mis horas / el dilatado hastío fulgurantemente roto / (en ocasiones infrecuentes) / imágenes caducas / laten aún en el huésped de mi cuerpo / como hojas de un álbum donde anotamos algo / un teléfono / una dirección / que nunca vuelven a mirarse / cansancio de mí misma / desaliento absoluto en forma de mujer / amargo encuentro del espacio y del tiempo / ecuación que jamás podré solucionar / por racionales métodos / acaso él sí / en su campo de exterminio / como si se estuviera despidiendo de mí / y me valora lenta pausada / definitivamente
14. He de pintar de blanco / el techo ennegrecido / para el regreso a casa / amor mío / toda la tarde pensando en ti / no lo niegues / he guardado en el desván los abrigos del invierno / las botas de lluvia / la bufanda encarnada /  qué dolor inservible / la ropa se ha quedado ancha / en polonia en hungría en alemania, en rusia / hasta el transiberiano horadando la nieve / bien estibada raíz de sliwovitza / ráfagas de tus muslos de uniforme / mi mono azul pasado está de moda / cuando en el capitol la rebelión a bordo / y ginger rogers entusiasmada de sus falsos clientes / el antepecho del balcón quebrado por la metralla / en el acuárium / un teniente de carabineros / revolaba su capa al son de salomé con palmas / salomé maría salomé / a los pies de un limonero flo­recido / veinte años que jamás olvidaré

          15.  Aunque / la mariposa apolo / cleopatra de las ruinas / trate de su debida apropiación / sus colores azules de cobalto candente / dirías que es del trópico el respirar frondoso / dirías que el deseo vuela inestable / de una fuente a otra / dirías que es el juego trágico / de contar los segundos de sesenta y tres años / hasta mudar el cuerpo en un segundo inmenso / de eternidad enig­mática / de integral en las fórmulas fragmentarias del tiempo

sábado, 13 de enero de 2018

Llanto por la muerte de nuestro padre Carlos Martínez Milla

      Al poco de la tarde de ayer, saltó la indeseada y trágica noticia: ¡Se ha muerto el Carlos!, dijo alguien accediendo al bar. Y alguno, sorprendido, le preguntó: ¿Qué Carlos? A lo que el primero le respondió enseguida: el de la Angelines, por nuestra madre, su fiel compañera, zanjando de ese modo cualquier duda. Se llamaba Carlos Martínez Milla.
    Con sus 96 años cumplidos –"los años enseñan muchas cosas que los días jamás llegan a conocer"– era el más viejo de Almajano: una lúcida memoria histórica. 
    Tuvo una buena muerte, repentina, sin padecimiento, en su propia casa, con los suyos y  el generoso auxilio de sus más allegados. Y de sus vecinos marroquíes de al lado. Pero, con todo, el dolor no deja de clavar sus afiladas uñas y no pudimos contener las lágrimas de nuestros ojos.
        Después fueron llegando otros parientes y demás vecinos. Al trasladarnos su sentido pésame, entre fuertes abrazos, algunos nos dijeron: ¡Que su recuerdo os acompañe siempre! Acaso, porque es cierto que uno no se muere nunca del todo mientras se le recuerde.
       De aquí que apenas dejemos de verlo, ya comencemos a recordarlo. Porque sabemos que recordar es volver al calor del corazón. Entre sus fotografías,  hay una en blanco y negro, pegada en el librito de familia numerosa. Están nuestros dos padres y nosotros cuatro, sus hijos: 14, 12, 8 años y  ni siquiera uno cumplido la pequeña. El padre 46. Una boina le cubre la cabeza. Porque era labrador de profesión. Minifundista. Pero, en tanto que autónomo, hombre libre, sin amo. Labrador de los de antes. Como lo fueron antes sus padres y los padres de sus padres. De arar con vacas, y sembrar a voleo, de segar con hoz, y aventar el trigo tras la trilla. Para con su esfuerzo y sudor ganarse honradamente el pan. Que lo contó muy bien en su pregón de las fiestas patronales del año 2015.
      Entre los dos pudieron sacarnos a nosotros adelante, darnos a todos estudios. Nuestro padre de joven fue buen mozo y algo presumido. Y alardeaba ante la gente de sus hijos. Pero con quienes disfrutaba realmente era con sus queridos nietos, aunque quizás estos gozaban todavía más con él. Él era muy chiquero.
      Bien sabemos que no fue un hombre perfecto, pero, el sol nos traía a nuestro hogar cuando éramos pequeños.
       Sentado en el banco de madera del porche de su casa, a la entrada del pueblo desde Soria, parecía aduanero. Congeniaba con todo el que pasaba. A todos les daba conversación entretenida. Estos también lo recordarán.
      De un tiempo a esta parte, la familia Martínez Laseca nos juntábamos en un restaurante a celebrar su cumpleaños y él nos invitaba, diciendo que esa sería la última vez. Ha tardado, por suerte, bastante. Esta pasada Navidad también nos invitó, tan contento por sentirse querido, al vermut en el bar de la plaza. Que hasta pudo jugar con Gonzalo, su primer biznieto. 
     Creemos que nuestro padre ha vivido feliz, porque a pesar de que nunca tuvieron muchos bienes, lo cierto es que necesitaron bien poco para ellos. Castellanos austeros, sin ningún apego por lo innecesario. Y por todo eso, pese al enorme dolor que nos causa su irreparable pérdida, nos sentimos algo reconfortados. Con la conciencia tranquila.
      ¡Ah!, una última cosa, si por algo se caracterizaba nuestro padre era por su curiosidad insaciable. Por sus enormes ganas de vivir. Las mantuvo hasta el último aliento. Nos sentimos muy orgullosos de él. Sin duda que lo echaremos mucho, mucho de menos, por ese largo tiempo gratamente compartido con nuestra madre y con toda la familia. 
      Ya has concluido el viaje. Descansa, padre nuestro, en paz.
           GRACIAS A TODOS VOSOTROS, POR ACOMPAÑARNOS EN NUESTRO DOLOR EN ESTE DÍA. MUCHAS GRACIAS. 
José María Martínez Laseca (en nombre de todos los hermanos)
(13 de enero de 2018)