lunes, 26 de marzo de 2018

Versión final de “Cantos del compañero muerto” de Concha de Marco (1)

José María Martínez Laseca
Ya publiqué (“Diario de Soria”: 21, 22, 23-8-2017, asimiso reproducida en este blog) una versión anterior de “Cantos del compañero muerto” de la poeta soriana Concha de Marco. La actual, muy similar, con la dedicatoria: “A mi compañero muerto Juan Antonio Gaya Nuño”, fallecido el 6 de julio de 1976, está cargada de idéntica ternura. Recordatorio de su amado, con quien compartió una vida de aristas, dada su condición de perdedores de la guerra civil, durante la larga dictadura de Franco en España. No en balde, Concha de Marco sentencia con esta cita de Quevedo: “Diéronle cárcel y muerte las españas…”. Pese al dolorido sentir por tan irreparable pérdida que rezuman sus versos, y que supone un auténtico canto de amor del yo poético hacia ese tú destinatario, el texto comporta un reconocimiento a su esfuerzo intelectual, casi sobrehumano. Esta versión final, fechada en Madrid, 1977,  difiere de la antedicha en que incorpora la estrofa 1, del total de 30 más la introductoria, que conforman el poemario. Se observan aquí pequeños cambios de palabras, algún añadido o supresión y alguna alteración de orden. En este caso, el texto mecanografiado, que forma parte del legado Gaya Nuño de la Fundación España-Duero (IM 205), se dispone en versos libres. Y llama especialmente la atención la ausencia de signos de puntuación (ni puntos, ni comas, ni letras mayúsculas, excepto al inicio de estrofa), acorde con experimentos de estilo del momento. Helo, pues, aquí.
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            "Tres días antes de morir empezó a gritar; su silencio, / cada vez más audible, me ensordecía. / Temblaba la casa toda. /  Murió gritando, gritando yació toda la noche, muerto, / gritando su des­mesurado silencio. / No logré cerrarle la boca; lo intenté varias veces: / El rigor mortal de los músculos había comenzado tres días antes. / Gritaba todas las palabras que no dijo, todos sus cau- / tiverios, todos sus exilios, todas sus derrotas. / todos sus desprecios. / Siguió gri­tando dentro del féretro cerrado, gritaba en / el horno cremato­rio, y del silencio de su boca salían llamas gritando. / Conver­tido en cenizas, éstas siguen gritando, y su recuerdo / vivo que llevo a flor de piel y en mis hondos adentros cada vez / grita más, grita, desesperadamente, su silencio.
            1. Inútil es / acariciar día tras día / la ardiente y suave piel del tigre del verano / se va secando la amarilla brasa / ciegas noches se alargan / ya huyeron los vencejos / solo gorriones pasan / pasan con su vuelo de seda / los árboles se duelen por sus hojas caídas / enrolladlas y secas esperando / ese viento / que llegará a arrancarlas con su frío presagio / no acaricias ya más inútilmente / la ardiente piel del tigre del verano / con sus ojos dorados / ha emprendido la marcha hacia otras latitudes / por lejanas orillas / que arrastran en su espuma despojos de la playa / el sol se muere rojo detrás del horizonte / y arena fría arena en la playa vacía / aguarda la marea que cubra todo rastro / solo oirás el mar en una caracola / hosco nocturno y trágico
2. Comienza / a pronunciar lo que te dicte / el enigma absolu­to / que se viene a los labios impulsivo / de razón inconexa / por dentro cristalina / propágase en selváticos racimos de memorias / sobre las lejanías / aéreas estructuras de áureos firmamentos /  antecedentes mitológicos / tumbas de legendarios agonistas / y bandadas migratorias de tribus desaparecidas / en mi sangre pro­picia a todos los hechizos / el quíntuple dominio del sentido / en esplendor de intimidad y viento
3. Oh enemigo / de la patria, no preguntes / mas al rumor de generaciones que pasan con locura / de disputados dioses que a la aurora se mueren / contra los ventanales polvorientos / el triun­fo de la tierra para lo consumido / vida llena de aristas / preci­picios / de fuego y de tiniebla / que aquí defiendo con bandera propia / el pasado / tiene fulgores de mineral negro / brutalidad y miseria / la injusticia / bebe aún en copa de oro el zumo de su viña
4. Españolito / que vienes al mundo / te guarde dios / tú eres más infortunado / te están matando las dos
            5. Prohibido / permitirme el menor despilfarro emocional / he de velar sobre la gran muralla / y morir en un lejano otoño / cuando quemen rastrojos / valoro mi vejez / que ya se configura en el espejo / con todo el esplendor de mundos interiores / quien piense lo contrario / que tire la primera piedra
          6. Qué le pasó a ese álamo / en la otra orilla de san juan de duero / qué le pasó a ese álamo / enhiesto todavía / pero desnudo de hojas en el pleno verano / el río mansamente entre los juncos / pasa y refleja su osamenta gris / las algas fluctuando / su ahogada caballera en la corriente / álamo seco de san juan de duero / álamo mudo entre el bullicio de sus compañeros / ya no escuchará más / la canción de su viento llevado por los pájaros
         7. En cuanto a mí / secreta en mi silencio / doy los buenos días / sonrío / lloro hacia dentro con la carga del mar / y pienso / que lo peor he de sufrirlo sola
          8.  Ay / del pescador en la galerna / por más que el bienestar le aguarde en casa / y al errante holandés siempre en el mar / las aguas penetraron hasta el alma / si tan solo pudiera / desde lejos oír / o recordar mi música insolvente / tengo que concentrarme, debo hallar / la mínima ilación de pensamiento / debo pensar en qué voy a pensar / solo residuos de recuerdos / imágenes inertes / van bruñendo los bordes de los días / un vacilante viento que sopla en los adentros / donde caducos cántaros / capturan el caudal de mí sustancia / dejando abandonada / la vaina corroída de mi naturaleza / superfluos sentidos / ciegas formas / dócil planta del pie ya casi inerte / para andar los caminos que se ofrecían varios
         9. Y yo respirándole / boca a boca dormido / se me va / se me va yendo lentamente / cada vez es más triste su mirada / no sé si estoy viviendo un mal sueño
       10. Quién es / aquel hombre que viene de lejos / su oscura silueta contra el horizonte / quién es aquel hombre / nevando / nevando está en el castillo / sobre el río /  en un árbol escondido canta un pájaro / mirándome suplicante un perro pasa / pobre  viejo feo y gris / nevando / quién es aquel hombre / en la rama de una acacia / junto a la última hoja seca del verano / un botón de primavera / abajo el río se riza / quién es aquel hombre que viene hacia mí / quién es aquel hombre
          11. Y cómo duele / todo lo existido / la luz ociosa / la crueldad del triste / los ecos rotos sobre las ventanas / abandonó ciuda­des de la niñez / el frescor vegetal de la fuente que nunca exis­tió / el canto arrogante y resuelto / las olas limitando contornos aurorales / consagrada / identidad entera cuánto cuestas / sumerge a lo que interroga un fantasma severo / polvo y tierra del hombre / polvo húmedo / orígenes / sucesos / sustancias primordiales / algo vaciado en fraguas ocultas de la entraña / inhóspitas constelaciones / ríos de luna por calles en cuesta / delfines prisioneros en la redoma estrecha / cuánto andrajo de seda / cuánta herrumbre de oro / cuánta nota deshecha /  descom­puesta en amargos sonidos triturados / excavadoras de ruinas / minas a cielo abierto de ceniza / montes sobre catedrales y palacios / nuevos y dolorosos nacimientos a la muerte / con placentas inscritas en matrices difuntas
           12. Déjame / respirar hondamente / hondamente el perfume de tu cabellera / y hundir en ella mi infortunio / mis vicios de honesti­dad en mundo corrompido / es necesario resistir aún más / hasta que en los estantes no queden libros / ni un solo cuadro / no pueda oírse música / ni haya caudal preciso para alimentar pájaros /  mientras algunas veces / a la hora de la cena / me. seguirás diciendo / lo peor no lo hemos visto todavía
           13. Señor fiscal / el motivo de mi vivir / es ser mi propia y exclusiva fatiga / la condena señalada como levadura del espíritu / la miserable y áspera materia / que fermenta a lo largo de mis horas / el dilatado hastío fulgurantemente roto / (en ocasiones infrecuentes) / imágenes caducas / laten aún en el huésped de mi cuerpo / como hojas de un álbum donde anotamos algo / un teléfono / una dirección / que nunca vuelven a mirarse / cansancio de mí misma / desaliento absoluto en forma de mujer / amargo encuentro del espacio y del tiempo / ecuación que jamás podré solucionar / por racionales métodos / acaso él sí / en su campo de exterminio / como si se estuviera despidiendo de mí / y me valora lenta pausada / definitivamente
14. He de pintar de blanco / el techo ennegrecido / para el regreso a casa / amor mío / toda la tarde pensando en ti / no lo niegues / he guardado en el desván los abrigos del invierno / las botas de lluvia / la bufanda encarnada /  qué dolor inservible / la ropa se ha quedado ancha / en polonia en hungría en alemania, en rusia / hasta el transiberiano horadando la nieve / bien estibada raíz de sliwovitza / ráfagas de tus muslos de uniforme / mi mono azul pasado está de moda / cuando en el capitol la rebelión a bordo / y ginger rogers entusiasmada de sus falsos clientes / el antepecho del balcón quebrado por la metralla / en el acuárium / un teniente de carabineros / revolaba su capa al son de salomé con palmas / salomé maría salomé / a los pies de un limonero flo­recido / veinte años que jamás olvidaré

          15.  Aunque / la mariposa apolo / cleopatra de las ruinas / trate de su debida apropiación / sus colores azules de cobalto candente / dirías que es del trópico el respirar frondoso / dirías que el deseo vuela inestable / de una fuente a otra / dirías que es el juego trágico / de contar los segundos de sesenta y tres años / hasta mudar el cuerpo en un segundo inmenso / de eternidad enig­mática / de integral en las fórmulas fragmentarias del tiempo

sábado, 13 de enero de 2018

Llanto por la muerte de nuestro padre Carlos Martínez Milla

      Al poco de la tarde de ayer, saltó la indeseada y trágica noticia: ¡Se ha muerto el Carlos!, dijo alguien accediendo al bar. Y alguno, sorprendido, le preguntó: ¿Qué Carlos? A lo que el primero le respondió enseguida: el de la Angelines, por nuestra madre, su fiel compañera, zanjando de ese modo cualquier duda. Se llamaba Carlos Martínez Milla.
    Con sus 96 años cumplidos –"los años enseñan muchas cosas que los días jamás llegan a conocer"– era el más viejo de Almajano: una lúcida memoria histórica. 
    Tuvo una buena muerte, repentina, sin padecimiento, en su propia casa, con los suyos y  el generoso auxilio de sus más allegados. Y de sus vecinos marroquíes de al lado. Pero, con todo, el dolor no deja de clavar sus afiladas uñas y no pudimos contener las lágrimas de nuestros ojos.
        Después fueron llegando otros parientes y demás vecinos. Al trasladarnos su sentido pésame, entre fuertes abrazos, algunos nos dijeron: ¡Que su recuerdo os acompañe siempre! Acaso, porque es cierto que uno no se muere nunca del todo mientras se le recuerde.
       De aquí que apenas dejemos de verlo, ya comencemos a recordarlo. Porque sabemos que recordar es volver al calor del corazón. Entre sus fotografías,  hay una en blanco y negro, pegada en el librito de familia numerosa. Están nuestros dos padres y nosotros cuatro, sus hijos: 14, 12, 8 años y  ni siquiera uno cumplido la pequeña. El padre 46. Una boina le cubre la cabeza. Porque era labrador de profesión. Minifundista. Pero, en tanto que autónomo, hombre libre, sin amo. Labrador de los de antes. Como lo fueron antes sus padres y los padres de sus padres. De arar con vacas, y sembrar a voleo, de segar con hoz, y aventar el trigo tras la trilla. Para con su esfuerzo y sudor ganarse honradamente el pan. Que lo contó muy bien en su pregón de las fiestas patronales del año 2015.
      Entre los dos pudieron sacarnos a nosotros adelante, darnos a todos estudios. Nuestro padre de joven fue buen mozo y algo presumido. Y alardeaba ante la gente de sus hijos. Pero con quienes disfrutaba realmente era con sus queridos nietos, aunque quizás estos gozaban todavía más con él. Él era muy chiquero.
      Bien sabemos que no fue un hombre perfecto, pero, el sol nos traía a nuestro hogar cuando éramos pequeños.
       Sentado en el banco de madera del porche de su casa, a la entrada del pueblo desde Soria, parecía aduanero. Congeniaba con todo el que pasaba. A todos les daba conversación entretenida. Estos también lo recordarán.
      De un tiempo a esta parte, la familia Martínez Laseca nos juntábamos en un restaurante a celebrar su cumpleaños y él nos invitaba, diciendo que esa sería la última vez. Ha tardado, por suerte, bastante. Esta pasada Navidad también nos invitó, tan contento por sentirse querido, al vermut en el bar de la plaza. Que hasta pudo jugar con Gonzalo, su primer biznieto. 
     Creemos que nuestro padre ha vivido feliz, porque a pesar de que nunca tuvieron muchos bienes, lo cierto es que necesitaron bien poco para ellos. Castellanos austeros, sin ningún apego por lo innecesario. Y por todo eso, pese al enorme dolor que nos causa su irreparable pérdida, nos sentimos algo reconfortados. Con la conciencia tranquila.
      ¡Ah!, una última cosa, si por algo se caracterizaba nuestro padre era por su curiosidad insaciable. Por sus enormes ganas de vivir. Las mantuvo hasta el último aliento. Nos sentimos muy orgullosos de él. Sin duda que lo echaremos mucho, mucho de menos, por ese largo tiempo gratamente compartido con nuestra madre y con toda la familia. 
      Ya has concluido el viaje. Descansa, padre nuestro, en paz.
           GRACIAS A TODOS VOSOTROS, POR ACOMPAÑARNOS EN NUESTRO DOLOR EN ESTE DÍA. MUCHAS GRACIAS. 
José María Martínez Laseca (en nombre de todos los hermanos)
(13 de enero de 2018)

domingo, 31 de diciembre de 2017

Tres villancicos navideños, tres, de nuestra rica tradición oral

El rotar de la tierra alrededor del sol  sigue marcando los ritmos de los seres vivos en sus trabajos y en sus ocios. Ello se hace palpable en lo que conocemos por calendario, que nos  sirve para organizar el paso del tiempo en diferentes segmentos: días, semanas, meses y años. Surgen de idéntico modo las conocidas cuatro estaciones de la primavera, verano, otoño e invierno, a las que acompasa el palpitar de la naturaleza misma con sus significativos cambios de ropaje.
            En el marco, pues, de los diferentes ciclos por los que transitamos en nuestro deambular sobre el suelo terráqueo, nos vamos a  ir adentrando en el del frío invierno, donde cobrará una importancia capital para el mundo cristiano el ritual de la Navidad, toda vez que la iglesia eligió para la celebración del nacimiento de su fundador el día 25 de diciembre.  No fue una decisión arbitraria, sino que se hizo con la clara pretensión de transferir la devoción que sentían entonces los gentiles  por el sol.
Así, en el calendario juliano se computaba el solsticio de invierno el 25 de diciembre, considerándolo como la natividad del sol, al comprobarse que comenzaban a alargarse los días, acrecentándose su poder desde ese mismo momento crítico. En este sentido, ya los egipcios representaban al recién nacido sol por la imagen de un niño que sacaban al exterior para presentarlo a sus adoradores. Incluso el dios Mitra fue asociado con el sol, el invencible sol,  por sus fieles devotos y por eso su natividad caía también en día tan señalado.
 Cierto es que los evangelios nada dicen respecto del nacimiento de Cristo, y por eso no celebraban su onomástica al principio. No obstante, pasado algún tiempo, los cristianos de Egipto acordaron el 6 de enero como fecha de la Natividad. Y así permaneció en la costumbre hasta que, a finales del siglo III o comienzos del IV, la iglesia de occidente adoptó el 25 de diciembre como fecha verdadera. Una decisión que también asumió después la iglesia de oriente, quedándose ya como definitiva.
En consecuencia con todo lo anterior, la Navidad comporta uno de los hitos fundamentales de los ciclos festivos a los que nos estamos refiriendo. En términos generales, la Navidad comprende un conjunto de celebraciones que van desde La Nochebuena, el 24 de diciembre, hasta el 6 de enero o de la Epifanía de los Reyes Magos. Y no hay ningún pueblo de España, ni de occidente entero,  que no conmemore con alegría compartida el nacimiento de Jesucristo.
Dentro, por tanto, de esa similitud de fondo de las distintas celebraciones navideñas, se observan no pocas variantes de carácter popular. Como bien advierte J. M. Caballero Bonald, los elementos obviamente inamovibles no obstaculizan el desarrollo de otros jolgorios privativos de determinadas regiones. Y señala el villancico como uno de nuestros más ilustres veneros poéticos de tipo popular –en distintas versiones ligadas a los respectivos cancioneros musicales– de un extremo a otro del país.
Son los villancicos esas letrillas tradicionales que se cantan a  varias voces durante las fiestas navideñas que cierran el año viejo y abren uno nuevo. Sabemos que en su origen se trataba de canciones profanas, con un estribillo característico, que se reiteraba entonándose a coro frente a las estrofas que interpretaban los solistas. Más tarde, los villancicos fueron introducidos en las iglesias y pasaron a asociarse concretamente con la Navidad.  
Como botón de muestra, traemos aquí tres ejemplos recogidos en nuestra provincia de Soria. En mi pueblo de Almajano, sin ir más lejos. Que a mí me traen recuerdos entrañables, porque me los cantaba mi madre (Angelines Laseca Antón) cuando yo era pequeño. Tanto me gustaron sus relatos que nunca los olvidé y de ese modo he podido plasmarlos posteriormente por escrito.
Son los tres que aquí selecciono, y que están relacionados, dentro de la historia sagrada, a la infancia del Niño Jesús. El primero de ellos es el titulado “La Virgen y el labrador” y nos lo cuenta así:
Camina la Virgen pura / a Egipto desde Belén / llevando al niño a caballo / porque el Rey Herodes / mandó degollarlo. / En la mitad del camino / a un labradorcito ve. / Le ha preguntado la Virgen: / –Labrador, ¿qué haces? / –Señora, sembrando / un poco de trigo  / para el otro año. / –Vendrás mañana a segarlo / sin ninguna detención. / Este milagro lo hace / nuestro divino Señor. / Si acaso vinieran / por él preguntando / dices que le viste / y estando sembrando. / El labrador va a su casa / lleno de gozo y placer / y todo lo que le pasa / se lo cuenta a su mujer. / Y la mujer dice / que no puede ser / en tan poco tiempo / sembrar y coger. / Y estando segando el trigo / vieron venir a caballo / todas las tropas de Herodes / por el niño preguntando. / El labrador dice: / –cierto que le vi, / estando sembrando / pasó por aquí. / Vuelven caballos atrás / llenos de rabia y de ira, / pues no pudieron lograr / el intento que traían. / Y el intento era / llevárselo preso / para presentarlo / al rey más soberbio.
Tiene un total de 44 versos de arte menor (octosílabos y hexasílabos), con rima asonante de modo irregular. Su temática, queda enmarcada en la denominada Huida a Egipto que realizan la Virgen María y San José en su desesperado intento de proteger al Niño Jesús, frente a la pretensión del rey Herodes de capturarlo y matarlo, por considerarlo un posible usurpador en tanto que rey de los judíos. Ello propició la conocida matanza de los Santos Inocentes, dado que Herodes mandó degollar a todos los niños menores de dos años que había en Belén. El diálogo que se establece entre la Virgen y el labrador  es el elemento que vertebra el texto. Se le conoce también como  “El milagro del trigo”, ya que al anticiparse la cosecha del cereal las tropas perseguidoras se quedan desorientadas.
El segundo al que nos referimos se conoce tradicionalmente bajo la denominación de “La Virgen y el ciego” o, también, como “La fe del ciego”. Nos lo narra así:
Camina la Virgen pura / de Egipto para Belén / y en la mitad del camino / el Niño tenía sed. / –No pidas agua, hijo mío, / que no se puede beber, / que bajan los ríos turbios / y no se puede coger. / –Allá arriba, en aquel alto, / hay un rico narangel / y el que lo está guardando, / es un ciego que no ve. / –Ciego, deme una naranja / “pa” este niño que trae sed. / –Entre usted señora y coja / las que le hagan menester. / La Virgen, como era Virgen, / no cogía más que tres. / Y el Niño, como era niño, / todas las quiere coger. / Mientras la Virgen cogía / volvían a florecer. / Tan pronto marcha la Virgen, / el ciego comienza a ver. / –¿Quién ha sido esa Señora / que me ha hecho tanto bien? / Ha dado luz a mis ojos / y a mi narangel también / –Era la Virgen María / que con su hijo iba a Belén. 
            Se trata, en este caso, de un bello romance, de 30 versos octosílabos, en el que  riman los pares en asonante (-e), mientras que quedan libres los impares. Resaltan los verbos en infinitivo de la segunda conjugación. Este villancico se enmarca cronológicamente en una secuencia posterior al primero, ya que hace referencia al retorno de la sagrada familia a Belén, desde Egipto a donde había huido. Aquí es la Virgen quien realiza la petición al ciego en el diálogo que se establece entre ambos. Simbólicamente se opone la oscuridad del ciego con la luminosidad que representa Jesucristo. Y es la generosidad del ciego la que hace que se opere el milagro y recupere su vista.
            El último al que nos referimos da en titularse por el primero de sus versos: “Madre en la puerta hay un Niño”. Y reza así:
–Madre en la puerta hay un Niño / más hermoso que el sol bello /  sin duda que tiene frío / y esta desnudito en cueros. / –Anda dile que entre / se calentará, / porque en esta tierra / ya no hay caridad.  / Entra el Niño y se calienta / y calentándose estaba, / le pregunta la patrona: / –¿De qué tierra y de qué patria? / –Mi padre es del cielo, / yo bajé a la tierra. / Si usted me dijera / dónde está mi madre / de rodillas fuera / y hasta que la hallare. / ¡ –Hacedle al niño la cama / en la alcoba y con primor! / –No señora, no me la haga, / que mi cama es un rincón. / Desde que nací / y hasta que me muera / ha de ser así.
Es este un villancico clásico de nuestra Navidad, que alterna en su composición de 25  versos, a octosílabos y hexasílabos. Su temática, alejada de los tópicos habituales (natividad, pesebre, pastores, magos de Oriente, etc., se centra en ese extraño infante que vaga solitario y desnudo por las calles. Entre él y la dueña de la casa se establece el diálogo que nos descubrirá de quien se trata. A su vez, la patrona dictará las órdenes a un tercero en demostración de su talante hospitalario y caritativo.
A modo de conclusión, señalaré que los tres villancicos aquí coleccionados forman parte indubitable de nuestra tradición oral soriana. Y son variantes o variaciones, en cada uno de los casos, de un mismo tema en origen, el que también se pone de manifiesto por otros muchos lugares.

Todos ellos se integran, por consiguiente, dentro de lo que se denomina patrimonio cultural inmaterial que, por lo valioso del mismo, deberíamos conservar y transmitir como importante legado a las generaciones venideras.  
José María Martínez Laseca
(29 de diciembre de 2017) 

domingo, 24 de diciembre de 2017

El sorprendente caso del Niño-Jesús robado de su propio belén

Muy queridos paisanos: les habla el detective Santero Mateo, alias “El Sante”. En primer lugar, les pondré en antecedentes sobre el caso que aquí nos ocupa. El que ocasionó un gran revuelo mediático ya que sobrepasó las bardas del corralito local, y que, debido a ello,  requirió la prestación de los servicios de investigación por parte de nuestra agencia “Satur & Sante. Detectives privados”, la única  existente en la capital soriana, con sede sita en el tercer piso de un viejo edificio de la conocida calle Estudios. Como bien saben ustedes, con la intensificación de los fríos durante el mes de diciembre, dadas las especiales características concurrentes de incentivación al consumo cada vez mayores, la empresa contratada a tal fin por el Excmo. Ayuntamiento, y a instancias interesadas de su junta de  gobierno, anticipaba la decoración lumínica nocturna de las calles y plazas más céntricas del casco urbano. Con la colocación de miles de bombillitas led (para evitar despilfarros energéticos, se decía, en pro de la sostenibilidad de los recursos), las que componían dibujos de estrellas, abetos, hojas de acebo,  bolas y otras filigranas multicolores. También los comerciantes se habían esmerado en decorar los escaparates de sus tiendas para atraer a la reacia clientela. El año pasado, por aquello de la importancia dada por los mandamases locales a las políticas de proximidad y de participación ciudadana, las diferentes asociaciones vecinales del municipio se implicaron en el Concurso de Adornos Reciclables de Navidad en los respectivos barrios, ora extramuros como los de Las Casas, Pedrajas, Oteruelos y Toledillo, ora propiamente urbanos como los de San Pedro, Santa Bárbara, La Barriada, del Calaverón, de los Pajaritos y zona del Casco Viejo. A fin de cuentas, la llegada de los fríos y la instalación de la iluminación nocturna anticipaban la llegada de la siempre tan entrañable como adorada por los más pequeños fiesta de la Navidad. O de las Navidades en plural, como decimos por estos pagos, que nos evocan muchos y muy diferentes sentimientos, pues no en vano cada uno de nosotros reacciona de distinta manera. Así hay quienes las ven absurdamente familiares. Empero yo les hablo desde el gran amor que siento hacia las Navidades, por los recuerdos que me traen de mi lejana infancia pueblerina, ya que entonces eran una festividad mucho más íntima y sincera, y con más nieve, mientras que ahora nos sumen en una auténtica vorágine, perdiéndose en la turbulencia sus valores esenciales.
            Lo cierto y verdad es que, una vez más, en consonancia con lo dicho, los trabajadores del almacén municipal, cual si de un operativo de intervención inmediata se tratara, colocaban un hermoso árbol navideño de la familia de las pináceas, al tiempo que, como todos los años, montaban el belén en plena Plaza Mayor, frente a la fachada principal del Ayuntamiento, bien que desplazado hacia la izquierda, acercándolo al Palacio Cultural de La Audiencia. Sobrio y humilde se mostraba a los  ojos, en cuanto a figuras, como simbolizando el espíritu minimalista de los sorianos. Una cerca rectangular de madera delimita el espacio con una suerte de granja de apenas tres gallináceas en su interior, en el ambiente de un paisaje rural donde un único pastor con su cayado, junto al puente sobre un supuesto río, atiende no más que una oveja, con su corderillo y el carnero padre. Obviamente, el centro de todas las miradas recaía sobre el establo: una caseta de madera con dos departamentos. En el de la derecha, una mula y un buey descansando sobre un lecho de paja, y en el de la izquierda, la figura puesta en pie de San José, que contempla complacido a la Virgen María sentada frente a él y cabizbaja.
La voz de alarma saltó cuando, varios días después de su montaje, uno de los curiosos visitantes al pasar junto al Belén exclamó, sorprendido, a voz en grito: ¡Han robado el Niño Jesús, pues no se encuentra entre los brazos amorosos de su madre! ¡Sin duda, que algún desalmado se lo ha llevado!” La denuncia corrió de boca a oreja y de prensa digital a prensa impresa, con Heraldo-Diario de Soria al frente, de la COPE a la SER…, llegando incluso a La 8 Soria TV, que desplazó a uno de sus intrépidos reporteros para entrevistar al denunciante in situ. El caso es que la Policía Municipal, requerida por la concejala delegada, actuó con prontitud y detuvo a un sospechoso. Se trataba de un mozo barbudo que había sido visto merodear por allí, pero que, conducido al cuartelillo y tras tomársele declaración, fue puesto en libertad sin cargos. La leal oposición política se movilizó al conocer la noticia, voceando a los cuatro vientos que era una vergüenza lo acontecido, consecuencia, sin duda, de la dejación de funciones por parte del equipo de gobierno del PSOE, con su alcalde-presidente a la cabeza. Sin duda que la Navidad une a los más alejados, incluso ideológicamente, y así PP, C´s, Sorianos e IU coincidían en su diagnóstico fatalista.
Ante el cariz que iba cobrando el tema, y debido a la gran alarma social producida entre la población, el primer edil, optó por pasar a la acción. El prestigio de nuestra agencia de sabuesos “Satur & Sante” era evidente. La resolución del caso de la plaza robada en la ciudad, relativo a la privatización del espacio público en Ramón y Cajal fue sonado en su día. Eso hizo que la fama nos precediera. Ya sé que alguno de ustedes me alegará que muy escasas credenciales eran esas. A lo que yo le respondería que no mucho más hizo el noble visigodo Saturio, pues con un único milagro como fue el dejar que saliera vivo el travieso niño Romualdo Barranco, natural de Carbonera, tras precipitarse desde la ventana de la ermita a unos enormes peñascos junto al Duero, pasó a ser aupado a los loores de la santidad y nombrado para el resto de los días patrono de la ciudad de Soria.
Fue el propio alcalde en persona, sin reparar en gastos, quien acudió sofocado a nosotros: “¡Os pido eficacia en esto, que me estoy jugando el bastón de mando!”  Al punto convoqué yo a mi querido ayudante don Saturio Gonzalo, apodado “El Satur”, exsargento jubilado de la Policía Municipal, y nos pusimos manos a la obra.  Entrados en harina, pudimos enterarnos de que no se trataba de un caso aislado puesto que  robos similares, de un tiempo a esta parte, se producían con frecuencia por toda  la piel de toro española. Desde Cataluña a Andalucía y de Galicia hasta Murcia. Como botón de muestra, ante la reiteración del delito, en la ciudad de León, habían optado por pegar con cola de la buena el niño Jesús a los brazos de su madre la Virgen María. También nos enteramos de que, saltando allende los mares, en Guatemala, el robo del niño Jesús, constituía una tradición muy arraigada. La cosa se les ponía fácil a los malhechores, pues menudita como es la figura del susodicho infante, bien cabía en cualquier tipo de bolsa. Por consiguiente, fuese una sola persona o en comandita con otros cómplices, la podían coger disimuladamente del Belén y llevársela con el compromiso implícito de organizar una fiesta para devolverla después. No resultaba extraño que, como consecuencia directa de la globalización y de la emigración de gentes, tal costumbre se hubiera instalado en la ciudad de Soria, al igual que había ocurrido con los siluros en el rio Duero. Pese al hallazgo, no quisimos lanzar las campanas al vuelo y optamos por personarnos ambos dos en el “lugar del crimen”. Y en esas nos encontrábamos, de mañana, cuando centraron nuestra vigilancia un padre y su hijo pequeño, que se acercaron a contemplar el Belén en cuestión. Atentos, aguzamos nuestros oídos: “¡Mira, hijo mío –exclamó el padre al contemplar la dependencia del establo en la que estaban la Virgen María y San José– algún ladrón ha vuelto a robar al Niño-Dios!” A lo que el chaval, un tanto espabilado, le respondió presto: “Pero papá, ¿no te das cuenta de que todavía es muy temprano y que será en esa noche, a las doce horas, como dice el villancico “esta noche nace un niño”, cuando venga al mundo el Niño-Jesús, que por eso es Nochebuena?”
No tuvimos que oír nada más. Mi colega y yo nos miramos estupefactos el uno al otro. “Elemental querido Satur –le dije yo sonriendo”. Asunto tan engorroso quedaba por fin zanjado de un modo imprevisto. Cuestión de aplicar la lógica hipotético-deductiva, o sea de lo que muchos entienden por sentido común, que, lamentablemente, es el menos común de los sentidos. Habría que esperar, pues, a que naciera el Niño Jesús primero, para después poder colocarlo en el belén junto a sus padres y al calorcillo de la mula y el buey. Es aquí, en la  conclusión, donde debo advertirles a mis queridos paisanos lectores de como muchos de los quebraderos de cabeza policiales han encontrado su esclarecimiento, más pronto que tarde, debido a la colaboración ciudadana. Cual es el caso.  
 José María Martínez Laseca
(24 de diciembre de 2017)

jueves, 30 de noviembre de 2017

Recuerdo de dos instantes: Peracho y Pepe Sanz (y II)

En relación con los rituales de desagregación, siempre me mereció un interés especial aquel del Finisterre gallego en el que quienes portaban al finado en andas entre la iglesia y el camposanto, daban tres pasos adelante y dos hacia atrás, con lo que tan solo avanzaban un paso. Demostraban de este modo su dolorido sentir y su apego con el ser querido, como resistiéndose a prescindir de su compañía. Algo similar nos sucede a nosotros con nuestros dos amigos, ya que no nos resignamos a su pérdida.
No queda aquí la cosa, porque, curiosamente es también en el mes de noviembre, el 11 del 11, coincidente con nuestro San Martín de Tours cuando se conmemora el Día Internacional del Origami o Papiroflexia como una actividad que crea amistad entre personas.
Viene aquí a cuento, dado que es la amistad lo más necesario para la vida. Sobre ella han filosofado Aristóteles, Cicerón, Montaigne, y más cerca Pedro Laín Entralgo, entre otros muchos. Este último la define como una peculiar relación de amor entre dos personas, para su mutuo bien y a través de ella se perfecciona la naturaleza humana, ya que convivir humanamente es convivir con los demás, partiendo de los más próximos.
Quien tiene un amigo tiene un tesoro, reza el refrán. Y es que la calidad de nuestra existencia viene marcada por la densidad que damos a los encuentros con otras personas, los amigos sobre todo. Pero no se tiene por amistad cualquier relación ya que la auténtica y verdadera no es fácil de conseguir, puesto que exige esfuerzo y continuidad. En realidad, el amigo verdadero ha de ser como la sangre, que acude siempre a la herida, decidida, sin aguardar que la llamen. Siempre los amigos nos ayudan a ser mejores.  
Este libro, que aquí presentamos hoy, está dedicado al recuerdo de Peracho y Pepe Sanz y es la demostración palpable de que ambos supieron granjearse, por méritos propios, un puñado de amigos dentro y fuera de Soria.
Y acaso eso lo hizo posible su capacidad de compromiso. Algo fundamental, al definirse esta palabra como aquello que nos hace seres capaces de aceptar y ser aceptados por los que nos rodean. A partir de ahí, ellos pudieron construir sus vidas más volcadas en el compromiso social y cultural. A sabiendas de que la vida de todos y de cada uno de nosotros es un problema común.
Ello enlazaría directamente con lo que algunos denominan como el cultivo de lo inútil, cual ocurre con la dedicación a las artes y las letras, las humanidades, que son lo que dan contenido espiritual a todo lo demás, ya que llevan a reflexionar y profundizar sobre el propio vivir en particular y sobre la condición humana en general.
Tanto Peracho como Pepe Sanz fueron dos personas que hicieron honor a la palabra dada, ya que los dos se significaron por su amor y defensa de la palabra. Usándola en su filo creativo.
Peracho  como narrador prioritariamente en su variante escrita, mientras que Pepe Sanz, en su condición de rapsoda y cuentahistorias, un tanto más en su formulación oral. Ambos, sin duda, a partir de su imperiosa necesidad de comunicar y de comulgar con los demás.
 Estoy hablando de literatura. De aquí que, entre varios posibles, haya escogido este poema de Jorge Luis Borges, titulado 1964, que suma dos sonetos y  donde el yo poético se acostumbra a vivir dentro de una ausencia, mostrando la soledad y la fuerza del olvido  en tono melancólico. Dice así:
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
 luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente) sino
 lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
 la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
Sabido es que la mejor literatura es aquella que nos cambia y nos pone en la piel del otro. Que eso es en cierto modo lo que pretendemos nosotros también aquí, ponernos en su piel y en la de los suyos.
Porque nadie muere definitivamente mientras se le recuerda. Y eso es lo que estamos haciendo nosotros al rendir este homenaje a Peracho y Pepe Sanz en forma de libro. Resucitarlos trayéndolos a nuestra memoria, para que nunca se nos vayan del todo. Únicamente las vidas que se dedican a los demás merecen ser vividas, recordadas. Porque el tiempo que pasa, y que es nuestra sustancia ocasionalmente compartida en jardines de amor, es también oxidante y corrosivo y viene a dar razones al olvido.
El pasado al que siempre volvemos es aquel del que todavía nos quedan memoria y testigos. Y lo hacemos para ensanchar nuestro presente, ya que, sin él, este se quedaría mutilado. Por eso, para que identidades merecedoras, como las de Peracho y Pepe Sanz perduren, debemos hacer un buen uso de lo mejor que tenemos: la palabra.
Y es que, a fin de cuentas, no nos quedará otra cosa que no sean sino unas pocas palabras que nos salven. Como las que hay grabadas en las páginas de este libro, ofrecidas como flores en acción de gracias. In memoriam de Peracho y de Pepe Sanz. Porque si perdemos el sentido de nuestra memoria, perdemos el sentido de lo que somos.
Muchas gracias.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Recuerdo de dos instantes: Peracho y Pepe Sanz (I)


  Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.
Tal declamaba, con su voz grave, tan peculiar, el poeta argentino Alberto Cortez, conocido por muchos como cantautor de las cosas simples. Por lo que cabría añadirse que, en nuestro caso, el agujero es el doble de grande, al tratarse de la ausencia no solo de uno sino de dos personas consideradas amigos. “No hay extensión más grande que mi herida”, como clamó Miguel Hernández ante la pérdida de su amigo Ramón Sijé.
.-Buenas tardes (o mejor dicho, noches, porque ya ha completado el sol su jornada laboral. Y muchas gracias a todos vosotros que habéis respondido afirmativamente a la convocatoria de este día 29 de noviembre, en este otoño soriano, tan reseco de lágrimas de los ojos del cielo, cual corrobora el emergido esqueleto del pueblo de La Muedra por el brutal descenso de las aguas embalsadas, y en el que apetecería más quedarse al calorcillo del hogar, dulce hogar.
Hoy, nos trae aquí, a este viejo Casino de La Amistad-Numancia (doy gracias a su Presidente Adolfo Sainz), donde desembocamos con nuestra gozosa y lúdica Saturiada, la noble intención de rendir sincero homenaje a los queridos compañeros y amigos Juan José Peracho Soria y José Antonio Sanz García, lamentablemente fallecidos en  nuestra ciudad de Soria el 4 de abril de 2016 y el 28 de enero de 2017, respectivamente. (Un fuerte abrazo para sus compañeras Camino y Alicia, sus hijos y familiares que nos acompañan).
 Un homenaje que concretamos en el acto la presentación de este libro. Su título: In memoriam: A Peracho, In memoriam: A Pepe Sanz. Que ha sido  impreso en Gráficas Ochoa (gracias Alfonso Ochoa) y está editado por el Excmo. Ayuntamiento de Soria (Gracias al Concejal de Cultura, Jesús Bárez).
Y he dicho bien por fín, puesto que el mismo se ha hecho de rogar lo suyo para acabar saliendo a la luz de la imprenta. Como que  su presentación a la sociedad soriana estuvo anunciada, para el día 10 de agosto pasado, dentro del marco de Expoesía-2017 que versó sobre Exilios y poetas.
Cierto y verdad que se intentó, pero no pudo ser. Y por eso os pedimos perdón a cuantos allí acudisteis interesados aquel día. Todavía se tardaría un tramo de tiempo más hasta llegar acá, puesto que pareciera que los elementos adversos (la enfermedad del impresor y otros asuntos varios sobrevenidos) se hubieran conjurado, jugando a la contra, para complicarlo y retrasarlo. Hay quién describió poéticamente el proceso al advertir: “Y publicar un libro es agonía”.
Pero aquí lo tenemos ya. Tangible como pan de hogaza. Ofrecido al tacto de vuestras manos y a la vista de vuestros ojos, para que podáis degustarlo en su letra escrita. A vuestra disposición queda pues, tanto a la entrada de la sala como en las librerías.
Y por tratarse aquí del bautizo de la criatura en cuestión, narraré brevemente como fue concebido y quienes son sus progenitores o ideadores.
  La pérdida de Peracho y Pepe Sanz, ciertamente, nos impactó a quienes los conocíamos y coparticipábamos con ellos en el quehacer cultural de Soria. Germinó en uno de esos días en que yo me pasé por la librería Las Heras y conversé con César Millán al respecto. Algo había que hacer. Así que entre ambos acordamos la posibilidad de rendirles un homenaje público.
Entre las ideas que barajamos nos pareció que la mejor de todas era dejar constancia de ello en un libro. Y pusimos manos a la obra, en tanto que coordinadores del proyecto, solicitando artículos entre sus más próximos, dentro de un plazo corto. Hubo, debo decirlo, entregas inmediatas, otras tardaron algo más, unas pocas se hicieron de rogar lo suyo y algunas de las prometidas nunca nos fueron enviadas. Empero, se agavilló un corpus de textos interesante, que nos dejaba satisfechos.
A resultas, se trata, en definitiva, de un trabajo muy coral, de un libro colectivo. Y puede deducirse de lo antedicho que aunque no están todos los que son, sí que son todos los que están. Precisamente, cuantos figuran en cada una de las dos portadas (ya que el libro, como se ve, no tiene contraportada), dispuestos por orden alfabético. En tanto que autores de pleno derecho, paso a nombrarlos: Silvano Andrés de la Morena, Mariam Arlegui, Toño _Arroyo, Jesús Bárez, Manuel Castelló, José Andrés Diago Pérez, Lola Fonseca, Susana Gómez Redondo, Javier González Ortega, Fermín Herrero, Juan Largo, Ángel Lorenzo, Julio Llamazares, Andrés Martín, José María Martínez Laseca,, César Millán, María Poza Peñalba, Antonio Ruiz Vega e Ignacio Sanz. ( Además de los textos de Peracho y Pepe Sanz).
            Es, queda claro, con esta amplia nómina de gente conocida en la movida local, aportando su desinteresada colaboración, que este es un libro deseado, nacido de la necesidad de mostrar su afecto solidario ante la irreparable pérdida de Peracho y Pepe Sanz.
Estamos, ya lo he dicho, en otoño. Hasta el cierre del mes de noviembre nos han traído los dioses antojadizos o los vientos inesperados, en contra de nuestra decidida voluntad de llegar antes a puerto. Extraigamos, pues, de tal adversidad alguna virtud.
En el mundo agrario y de la cultura tradicional –de los trasnochos con narración oral de relatos y leyendas en derredor del fuego de la chimenea– del que provenían nuestros dos protagonistas, pues Peracho era de Rioseco de Soria y Pepe Sanz de Almarza, el calendario festivo era cíclico. Pautado por el paso de las estaciones que va cambiando el decorado del paisaje.  Y de la misma forma que el carnaval da paso a la cuaresma, las fiestas de la cosecha y de la vendimia dan paso a la languidez festiva del otoño.
Así, con el cierre del mes de octubre y la llegada del mes de noviembre se inicia una secuencia de tristeza y de melancolía. La mojonan la noche de las ánimas, el día de todos los Santos y el de los fieles difuntos. Dicha celebración constata en muy diferentes culturas el tránsito del verano al otoño.
Así, la antigua festividad irlandesa al respecto se nombra Samhain, que significa “fin de verano” y se consideraba como el Año Nuevo celta. Según la creencia el Samhain era un tiempo excepcional y mágico que permitía que los espíritus de las personas fallecidas retornaran a la vida para  comunicarse con sus seres queridos.